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Proyección social

Sin radicalismo, no se transforman las bases sociales

Apr 16, 2018
Escrito por: Sonia Zamora
 

         

Amaranntha Wass se ha caracterizado en las aulas de la Universidad Pedagógica Nacional por ser una mujer transgénero que no ha necesitado del sentido de la vista para observar a fondo el contexto que la rodea, por lo que se ha consolidado como activista y pedagoga, partiendo de las luchas por una sociedad más igualitaria.

Es estudiante de cuarto semestre de la Licenciatura en Lenguas Extranjeras y activista en la organización social Cuerpos en Resistencia, la cual hace trabajo comunitario, académico, artístico y político desde varios ejes de trabajo, velando por la garantía de derechos para la población que se declara disidente corporal, sexual y de género, no solo entendida como población LGBT sino también referida a grupos poblaciones minoritarios por raza, clase o incluso con capacidades distintas o excepcionales. 

Desde su postura ha realizado acciones contundentes como tomas simbólicas y trabajo comunitario en territorio del barrio Santa Fe, donde se ha centrado en mitigar ciertas dinámicas con chicas transgénero en ejercicio de la prostitución. Hace poco también aportó a un proyecto con el Centro Nacional de Memoria Histórica llamado Títeres con Memoria, una iniciativa de recuperación de memoria histórica de mujeres transgénero, cisgénero (término proveniente de los estudios de género para describir personas cuya identidad de género y género al nacer son concordantes), y hombres gays que ejercen la prostitución y fueron víctimas del conflicto, utilizando herramientas como una obra de teatro que se llamó Santa Fe y un video.

   


Empoderamiento femenino

El objetivo entonces ha sido lograr desde diferentes espacios educativos el empoderamiento femenino, lo cual para ella se define como "empezar desde la parte femenina a reconocer que no son normales ciertos tipos de violencia, así sean mínimos o imperceptibles, porque nosotras mismas las hemos normalizado”; para ella se requiere un equilibrio de fuerzas que no existe en este momento. 

El estudio de las lenguas ha reforzado los puntos de vista de Amaranntha sobre la inclusión y el género: "Por ejemplo, la carrera me hizo darme cuenta de que el género es una cosa absolutamente arbitraria, al ver que en francés y en español es diferente, en francés palabras que en español son masculinas allá son femeninas y viceversa; eso me hace entender que es impuesto. También aprendí cómo, dentro de la misma construcción sintáctica y semántica de la lingüística, hay unas estructuras de poder muy grandes que no son reconocidas".

Y es que el ejercicio del rol femenino ha propiciado bastantes reflexiones en ella, puesto que según dice  lo más difícil es que “sea normal que tengamos que soportar, resistir y callar y de pronto ocultar; eso es lo más complejo porque siempre en toda opresión,  en toda hegemonía, el triunfo mayor está ahí, en que la persona que es oprimida se lo crea y lo replique y hasta se lo disfrute, porque fingimos estar felices con esos roles asignados, con esas estructuras, con que a mí me toca hacer esto y ser esto.”

Es por eso mismo, que valora el hecho de que por ejemplo dentro de la Pedagógica existan movimientos femeninos, compuestos por mujeres que se enuncian expresándose de forma fuerte, pues para ella sin una posición radical no se sacuden las bases sociales y no hay manera de transformar las mismas. 

Aunque el proceso de ingreso y de adaptación a la Universidad no le fue fácil, Amaranntha resalta el carácter público de la UPN, lo que la hace sentir orgullosa de pertenecer a ella, además de privilegiada, pues estudiar en la educadora de educadores marca su vida personal, como también las formas en que se enuncia frente a otros colegas de otras universidades y en otros espacios académicos, en escenarios en que sin saberlo está representando a la Universidad. Desde su perspectiva, la pedagogía le ha dado un referente para enseñar, para construir sus propias formas de explicar, para establecer una postura muy fuerte que no se doblega. 

        Foto entrevista El Espectador